“…He visto que las cosas
cuando buscan su pulso encuentran su vacío"
García Lorca.
cuando buscan su pulso encuentran su vacío"
García Lorca.

Mandala significa en sánscrito círculo. No quisiera hablar de centro y círculo, porque ambos conceptos serían más útiles a la geometría y al ejercicio gráfico y representativo que a esta exposición filosófica.
Para introducirme en el tema tendré en cuenta las características fundamentales de las mandalas, lo exterior y lo interior y el medio que los comunica, o el medio que hace de puente entre ellos.

Lo exterior y lo interior de la mandala es el vacío, lo intangible en su sentido absoluto, LA NADA. Lo que comunica a estos dos vacíos es lo tangible e intangible, lo que nuestros sentidos y entendimiento pueden percibir y manejar. La diferencia principal que se puede establecer entre estos dos vacíos es que al uno lo sentimos como interior y al otro como exterior.

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Aquí estriba una de las diferencias fundamentales entre el conocimiento oriental y el occidental. Los pensadores occidentales han sido poco audaces para adentrarse en LA NADA, su arrojo sólo ha servido para chapotear muy cerca de su orilla con el salvavidas de lo cognoscible. La historia de la filosofía occidental ha sido un afincarse con pánico a la dimensión de lo “conocido” desde Sócrates hasta F. Nietzsche y M. Heidegger; pero ya volveré sobre esto en futuras ocasiones.

Lo exterior y lo interior de la mandala es el vacío, lo intangible en su sentido absoluto, LA NADA. Lo que comunica a estos dos vacíos es lo tangible e intangible, lo que nuestros sentidos y entendimiento pueden percibir y manejar. La diferencia principal que se puede establecer entre estos dos vacíos es que al uno lo sentimos como interior y al otro como exterior.

Este sentir lo interior y lo exterior de LA NADA es un proceso rítmico como lo es la respiración y lo es la pulsación de los corazones que regulan la circulación de fluidos; esto nos pone en presencia de UN ALGO que la instrumentación científica aún no puede mensurar ni dar cuenta de ello.
Este ALGO regula rítmicamente a través nuestro, el fluir de LA NADA desde nuestra “materialidad”.
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Aquí estriba una de las diferencias fundamentales entre el conocimiento oriental y el occidental. Los pensadores occidentales han sido poco audaces para adentrarse en LA NADA, su arrojo sólo ha servido para chapotear muy cerca de su orilla con el salvavidas de lo cognoscible. La historia de la filosofía occidental ha sido un afincarse con pánico a la dimensión de lo “conocido” desde Sócrates hasta F. Nietzsche y M. Heidegger; pero ya volveré sobre esto en futuras ocasiones.
Hago la ligera mención anterior ya que nuestro universo espiritual oscila entre la seguridad de la ciencia y de la religión y entre ellas dos la del arte, pero una vez rota la burbuja de la seguridad y somos arrojados a las inmensidades de La NADA apelamos a los recursos de la LOCURA o del SUICIDIO, o a la angustia prolongada de toda una vida SIN SENTIDO. Ignorando que hay una alternativa, otro sendero que una vez emprendido nos colmará de gozo y afirmación máxima de vida. Y tal vez ese artilugio de las mandalas pueda ser la llave que nos abra la puerta a esas otras dimensiones.
"Solo se volverá clara tu visión
cuando puedas mirar
en tu propio corazón.
Porque quien mira hacia fuera sueña
Y quien mira hacia dentro despierta"
cuando puedas mirar
en tu propio corazón.
Porque quien mira hacia fuera sueña
Y quien mira hacia dentro despierta"
Carl Jung














