sábado, 17 de noviembre de 2012

Dragón azul - Cóctel número 2


Hay de HPés a HPés ja ja ja, el coprotagonista para esta publicación es el HPNOTIQ y el protagonista es el curacao azul que se confabulan y crean una maravilla del coctelario caribe: EL DRAGONAZUL !!! tal vez de los mismos parajes del UNICORNIO AZUL (de este poseo la fórmula secreta, les doy una pista, tiene una pizca de corazón y solo funciona en noches de luna llena) ja ja ja.

Me hice el propósito desde hace mucho tiempo atrás de mantener lejos y bien lejos el licor, pero apenas vengo a caer en la cuenta que no es al licor que hay que alejar sino a los amigos que no les gusta mucho mis cócteles sin alcohol, y precisamente por estas fechas cercanas a diciembre, bueno...tarea imposible, así que mejor me rindo y feliz me condeno.
Fue tu falda colgada en el vuelo de los pelícanos y alcaravanes que hizo cimbrar el bronce hasta partir la fruta azul del día y rodaran las semillas de la transparencia en el hálito de la piedra y en el canto puro de la espuma.
Entonces en el destino de la mariposa del lagarto y del paují onduló un pequeño pez entre tu abrazo y las enredaderas que trepaban por las hebras de la alegría para tocar el cielo. La piel del viento porfíó en tu pecho de novia y jugó con la palma abierta del sol desde tus pies hasta el color cerezo y deseante de todos mis besos.
Vibro con esa resonancia dorada de campana que ordena en mis oídos el camino satín de la serpiente y los círculos del águila ¿Quién sino yo, llamó a las trompetas de los ángeles para invocar la locura de tu risa, para encantar el paso leve del leopardo y hacer flotar tu sueño en los matices donde reposa el imperio de los lotos florecidos?
Tu amor me sabe a todas las únicas respuestas posibles en el orbitar y pendular de espiral centrípeta de polen y de palabra punto de apoyo de este enjambre de relámpagos que hacen de tu mundo el mío...así es como el amor respira.
 
Nota 1
La palabra coctelario no existe o no existía hasta ahora ja ja ja, se usa coctelería.
 
Nota 2
Quienes deseen saber acerca del origen del curacao azul pueden consultar en este vínculo:


jueves, 8 de noviembre de 2012

Enteógeno coctel para un vodka limón bien helado


En mi sueño psilocibino tu aroma en su curva verde de bambú toca y obliga  la superficie  de naranja en esta tarde abierta a las alas y a los sueños de las aguas del mar donde solo hay respuestas de color a todos mis sabores.

Una vez apretamos los tallos del oro y tus pies mantuvieron estos hombros en la profundidad del diamante y en los interminables ecos del sudor llamando a los pájaros que cruzaban vertiginosos una locura lúbrica de meteoros extendidos sobre el rosa y amarillo de un horizonte santo.

Cuánto añoro tu mordida en ola sobre mi cuello y tu grito de tormenta apagándose hacia el cielo en el rojo anudado de los labios al filo de las uñas de nuestro viento lujurioso.

Fueron los párpados de pasión cerrados que guardaron estruendos y truenos del corazón desde el temblor de la piel y desde la erupción de la palabra AMOR en nuestro recordado lenguaje de arena y agua.

Fue tu pelo mi tabla de salvación y tu boca la fiebre más cercana a la estrella que más brilló el día que brotaron los carmines y se dieron los naufragios. Yo tan perdido no estaba y a pesar de mis lágrimas no dejé apagar tu voz en los espesos coágulos violetas que hacían temblar las luces en cada una de las esquinas. Uno a uno oí tus versos que me hicieron crecer por encima de este dolor del mundo en su abisal desesperanza.
 
Los dioses no dan abasto zurciendo los jirones que dejan la furia de las espadas, no serán nuestras heridas las que rediman a los derrotados,  por eso sigo creyendo en uno solo de tus versos como mi himno hasta la hora final.

martes, 30 de octubre de 2012

Ciudadano Kane

El Ciudadano
por Jorge Luis Borges
Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos.

El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos.
 
Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad, en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado!
 
El segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth el de otro nihilista: Franz Kafka.
El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación del alma secreta de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto.
El procedimiento es el de Joseph Conrad en Chance (1914) y el del hermoso film The Power and the Glory: la rapsodia de escenas heterogéneas, sin orden cronológico.
Abrumadoramente, infinitamente, Orson Welles exhibe fragmentos de la vida del hombre Charles Foster Kane y nos invita a combinarlos y a reconstruirlo.
Las formas de la multiplicidad, de la inconexión, abundan en el film: las primeras escenas registran los tesoros acumulados por Foster Kane; en una de las últimas, una pobre mujer lujosa y doliente juega en el suelo de un palacio que es también un museo, con un rompecabezas enorme.
Al final comprendemos que los fragmentos no están regidos por una secreta unidad: el aborrecido Charles Foster Kane es un simulacro, un caos de apariencias (corolario posible, ya previsto por David Hume, por Ernst Mach y por nuestro Macedonio Fernández: ningún hombre sabe quién es, ningún hombre es alguien).
En uno de los cuentos de Chesterton - The Head of Caesar, creo-, el héroe observa que nada es tan aterrador como un laberinto sin centro.
Este film es exactamente ese laberinto.
Todos sabemos que una fiesta, un palacio, una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas, un ambiente cordial de franca y espontánea camaradería, son esencialmente horrorosos; Citizen Kane es el primer film que los muestra con alguna conciencia de esa verdad.
La ejecución es digna, en general, del vasto argumento.
Hay fotografías de admirable profundidad, fotografías cuyos últimos planos (como las telas de los prerrafaelistas) no son menos precisos y puntuales que los primeros.
Me atrevo a sospechar, sin embargo, que Citizen Kane perdurará como "perduran" ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever.

Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra.
Jorge Luis Borges - Revista Sur Nº 83, agosto de 1941.-


Inicio ciudadano Kane

Final ciudadano Kane
 

lunes, 22 de octubre de 2012

Hay un sol oculto...(III)

Aseverar que la majestuosa ola siente placer en su desenvolvimiento hasta reventar en la roca, sería un riesgo y una aventura. 
No lo sería para un poeta, o para quien a la distancia sí siente ese placer de presenciar y sentir el movimiento del mar hasta explotar sobre la solidez y la dureza de las peñas.
Los elementos naturales a falta de ese placer lo tienen en nosotros los humanos, me refiero a los que tienen esa fortuna y capacidad.
El cabello y las uñas como el exoesqueleto de muchos organismos vivos tampoco poseen sensibilidad, pero eso no quiere decir que estén fuera de las estructuras de la vida, de la consciencia de la vida universal.
De nosotros se desprenden millones de células muertas cada día al tiempo que nacen otras tantas, esas células muertas alimentarán a millones de microrganismos en este universo, son tantas esas células que un perro puede detectarlas a grandes distancias.
 
Rastrear los orígenes del placer es tarea difícil, no lo es tanto en cuanto la materia se organiza en formas tan complejas como la misma vida.
Se dice por varios investigadores que luego de la explosión de organismos unicelulares en la tierra, se produce una segunda explosión de organismos pluricelulares en el periodo cámbrico, explosión que trae consigo la explosión sexual por primera vez en el planeta para la reproducción de la vida.
Con esto estaríamos hablando ya de una de las presencias más manifiestas del placer en la historia del planeta, y tal vez en millones y millones de kilómetros y millones y millones de años alrededor de este espacio y tiempo en el momento y punto de formación de lo vivo.
La fase del placer en lo humano nos conduce por necesidad a la inteligencia y con ello a lo ético, cómo administrar ese placer y si ello es posible y hasta donde lo es, por ejemplo, cómo conciliar o equilibrar los instintos entre depredadores y depredados tanto fuera como dentro de las mismas sociedades e individuos hasta que se esfumen.
Cómo estar más allá de ellos mismos. Cómo plantearse entonces la cuestión del “Más allá del principio del placer” según el Dr. Freud. O el de la misma “alienación” según K. Marx.
 
Esto nos sitúa ante las puertas de otra gran explosión o revolución evolutiva, ante la explosión de la consciencia donde el mismo placer estará por encima del bien y del mal, completamente desanejado, inalienado.
 
Amantes en la tierra estas son las mejores buenas nuevas jamás escuchadas antes!!!
Amantes de todos los países uníos!!! Jajaja…
 
“Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas.
Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo.
Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!...”
Dejo este par de vínculos como aderezo a esta edición, en el primero rescato las menciones históricas que hace el autor aunque su planteamiento me deja algunas preguntas y discrepo en otros puntos. Del segundo espero que el espíritu seductor de los lectores del verde no desperdicien oportunidad de pensar en este rico “artilugio” para avivar el corazón ja ja ja…

miércoles, 10 de octubre de 2012

Hay un sol oculto que quema nuestras entrañas (II)

“Las diferencias entre la materia inerte, la materia viva y la inteligente son cada vez más borrosas”…
Algunos científicos dibujan desde sus teorías de clasificación histórica de la vida un último antepasado común universal (¿huevo?), conocido por sus siglas en inglés como LUCA (last universal common ancestor).
Esto sería como la unidad de un sistema que reúne tres de las características de un ser vivo, es decir, tiene capacidad de alimentarse (metabólica), de reproducirse, y de evolucionar. 
El proceso en su orden espacio temporal entonces sería: materia, vida, inteligencia… y todo perfectamente posible deducible desde las leyes de la física.
Como sistema la vida es un subsistema dentro de un sistema universal sin el cual no sería posible.
 
El tema es intensamente vivo y da para infinitas controversias y elucubraciones, quéee apasionanteee!!! Ja ja ja.
Me llama la atención un aspecto: La capacidad o el poder que tenemos los seres vivos como sistemas ordenados de organizar con PLACER la transformación de la realidad.
Hay un placer en ser y existir desde nuestra gestación en adelante.
Estamos dotados naturalmente para el placer como energía motora para ser y hacer o para hacer y ser. 
Es el placer el que nos conduce a SER y al SER.
Antes que los primeros seres humanos trazaran una línea adrede sobre una roca afuera o dentro de la caverna ya sus pies habían dibujado puntos y líneas como caminos y sendas que indicaban una dirección o un sentido, ya fuera en sus desplazamientos nómadas o una vez como sedentarios.
Remarcar y amasar día a día con placer desde los pies esa línea sobre la tierra llegó a marcar y hendir la carta y matriz geográfica que daría la seguridad de un territorio, de un hogar, de una comunidad.
Fue un PASO importante el dominio de diferenciar a través de la línea sobre el plano, de la silueta sobre la bruma, pues a partir de allí se acrecentó aún más la capacidad de construir más caminos hasta llegar a una red y con ello ganar más seguridad en la estadía en algún lugar.
Fue amoldar y conquistar la confianza en el ritmo del descanso y la actividad, del reposo y del trabajo.
 A medida que se modelaban los trazos de la vida material se modelaban también los de la vida espiritual. Una roca gigante, por dar un ejemplo, indicaba el sitio de estadía, hacia esa roca conducian todos los caminos y también partian.
 
Fue un anudar la vida colectiva a un punto.

Entre la actividad y el descanso se intensificó la capacidad de diferenciar y representar lo estático, lo inmóvil, lo permanente y lo móvil, lo fluido y lo efímero.
Se intensifico la MEMORIA. El agua fluye en la tierra, se torna turbia, luego lodo, el lodo se seca y quedan las huellas de los pies o de las patas impresas, el modelo de una rama capturado, la silueta de un pez o una rana, ¡el movimiento se puede capturar.
El movimiento se puede modelar a voluntad y a placer!!! Se le puede dar forma, intensión, sentido y significado.
Nace la CONSCIENCIA de PODER discernir y elegir tanto en la vida material como en la espiritual.
Se puede modelar el ESPIRITU. Y con ello se adquiere la capacidad para administrar el dolor o el placer, la capacidad de dominar o ser dominados.
La gran posibilidad de ser libres a consciencia!!!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Hay un sol oculto

que quema nuestras entrañas (I)
"¿Ahora dónde? ¿Ahora quién? ¿Ahora cuándo?
No hay días aquí. Aquí todo está claro.
No, todo no está claro.
Pero el discurso debe seguir.
Así que uno inventa obscuridades."
De "El inombrable" de Samuel Beckett
Haré un ejercicio breve sobre una de las funciones del arte. Empiezo con estas ilustraciones de la artista Chiharu Shiota haciendo una inmersión en las obscuridades del alma que se corresponden con el fragmento de la obra citada arriba.
 
Tomar estas incursiones artísticas como apología a la pena o angustia es solo una mera posibilidad, uno de los tantos caminos.
 
Lo cierto es que el artista aventurándose en estos parajes nos entrega y nos entrena en estas capacidades espirituales abriendo o sugiriendo otras puertas que pueden conducir hacia la luz.



viernes, 7 de septiembre de 2012

Gastronomía Novo Andina

Gastón Acurio glorificador de lo humano y sus alimentos
Por Cristina Jolonch
Creador de un imperio gastronómico con más de tres mil empleados y numerosos restaurantes dentro y fuera de su país, es el principal difusor de los sabores peruanos en el mundo. Pero su mayor logro es la batalla por implicar a todos los que integran la cadena de la cocina, desde el pescador o el agricultor hasta el consumidor, impulsando una revolución que ha convertido la cocina en arma social y motor de progreso para Perú.
Hijo de un prestigioso político, Gastón Acurio decidió con 18 años cambiar la carrera de Derecho por los fogones. Hoy es uno de los personajes más influyentes de su país, un ídolo para miles de chavales que sueñan en seguir sus pasos –las numerosas escuelas de cocina del país dan formación a 80.000 futuros chefs– y un ejemplo para sus colegas de otras nacionalidades que se plantean utilizar su liderazgo para buscar una sociedad más justa.
Hombre tranquilo, optimista, con extraordinarias dotes de comunicador y acostumbrado a una fama que asume con naturalidad, Gastón Acurio está convencido de que la revolución no ha hecho más que empezar.
Para él, ha llegado el momento de que un país con la riqueza natural de Perú deje de resignarse a vivir en el subdesarrollo y de que su generación lidere el cambio.
Entre otras iniciativas sociales, ha creado la feria gastronómica Mistura, que se celebra cada septiembre en el centro de Lima, por la que acaban de pasar 400.000 ciudadanos que han podido comprar productos de todas las regiones de Perú y disfrutar, a precios asequibles, de su mejor restauración, así como el proyecto de formación de cocineros en la degradada población de Pachacútec, o una futura universidad de hostelería en pleno desierto peruano.
Quiere conquistar el mundo con una gastronomía que seduce por la variedad de su despensa y el mestizaje cultural.
 
¿Cómo se puede explicar al mundo el atractivo de la cocina peruana?
En términos de sabor, hay una diversidad única, casi infinita. Nunca dejas de encontrar nuevos ingredientes. Hoy mismo he descubierto tres o cuatro frutas en un solo puesto del mercado en la feria Mistura. En el mundo hay 110 climas distintos, y Perú reúne 85 de ellos. Un cocinero que sabe que cada día va a tener diez ingredientes nuevos se siente como Alicia en el País de las Maravillas.
El segundo factor es la diversidad cultural. A la historia antigua del Perú se han sumado las migraciones. Este ha sido un país de oportunidades: vinieron chinos, japoneses, árabes, españoles, italianos…; llegaron con sus ingredientes y con sus tradiciones.
Cada plato de la cocina peruana es una mezcla. Un ejemplo es el cebiche.
Palabras mayores para un peruano.
El cebiche, puro mestizaje, es lo máximo. Es mezcla de productos y de culturas.
El ají peruano, nuestro pescado, el limón y la cebolla que viene de España y originariamente de Asia. En términos culturales, ese ají peruano y el pescado crudo que comían los preincas, que luego se marinó en limón con cebolla. Con la influencia japonesa se le vuelve a sacar la salsa para ponérsela sólo al final y queda como algo crudo.
Es nuestro buque insignia, como el sushi para los japoneses. Este país muere por el cebiche.
 
Pero en su país la cocina es mucho más.
Hoy en día nuestra cocina es mucho más que sabor: es un movimiento social, económico, político. Es el compromiso de los cocineros con todo lo que les rodea y la unión con todos los actores de la cadena, desde el agricultor hasta el consumidor. Hay un respeto y un agradecimiento mutuos.
Esta es una sociedad en la que hay mucha desigualdad, y la gran fuerza está en aquellos que no pueden pagar estos restaurantes y que son quienes más nos apoyan. Ese espíritu puede verlo en la calle, desde el taxista a cualquier persona con la que se cruce.
La gente hace bandera de lo que ocurre en unas cocinas de las que no puede disfrutar. Se identifica con el discurso, y su poder se vuelve infinito.
¿Ese orgullo es un sentimiento nuevo?
Durante siglos las élites de la sociedad peruana han negado lo propio y le han transmitido a la población que lo bello, lo hermoso, lo bueno, lo verdaderamente valioso era lo que venía de fuera y que lo que nosotros teníamos eran sólo recursos naturales que había que entregar a otros para que ellos los conviertan en marcas, productos, tendencias, y que en la medida que nosotros soñáramos con ser otros estaríamos en el buen camino.
Eso ocurría en todos los ámbitos: la moda, el arte, la arquitectura.
Es curioso, porque por todas partes había señales de que podíamos crear nuestro propio lenguaje, en cualquier disciplina, pero quienes ocupaban los puestos más influyentes de la sociedad se encargaron de matar ese orgullo por lo propio.
La cocina de alguna manera ha ayudado a conquistar una libertad emocional de la que carecíamos y un orgullo que había muerto. Hace 30 años tú llegabas invitado a una cena en el palacio del Gobierno, y la carta, de principio a fin, estaba escrita en francés.
 
¿Qué parte de responsabilidad tiene usted en la recuperación de ese amor propio?
Mi papel es reconocer en un momento en qué posición estoy en una cadena, la de la cocina, que empieza en el campo o en el mar y termina en el consumidor.
Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que le compro al productor sin saber quién es ni importarme su vida.
Yo me dedico al placer y a dar de comer a los clientes, estos me pagan, y se acabó. Y me empiezo a cuestionar que algo falla.
 
¿Hubo un desencadenante?
No, es un proceso de reencuentro. Y me ocurre a mí al mismo tiempo que a otros colegas. Yo tenía un programa de tele, varios restaurantes llenos, un libro escrito. Y me pregunto para qué todo eso.
De qué me sirve el restaurante lleno si he de hacer un plato de cebiche y el pescador que me trae el pescado no puede educar a sus hijos.
Para qué me sirve traer papas si el señor que me las consigue está condenado a ser pobre toda su vida.
Para qué me sirve que guste mi comida si los comensales se marchan sin llevarse nada para reflexionar.
¿Hay algún aroma, algún sabor, algún ritual relacionado con la cocina que marcara su infancia y despertara su pasión por los fogones?
Muchísimos. Yo era un niño muy raro. Tenía nueve años y con la típica propina que te da tu papá cada semana me iba al mercado y me compraba calamares. Tenía un libro de cocina de mi abuela y los hacía fritos. Compraba la rabadilla del pollo, la peor parte, que vendían para los perros y no sé por qué a mí me parecía la más rica, y la preparaba en el horno, tostadita.
 
La cocina era su refugio. ¿Su cómplice fue su madre? A ella no le gusta cocinar.
Mi cómplice era la señora que nos cuidaba. Mi madre lo era en el sentido de que hacía todo lo posible para que mi padre no se enterara de que me gustaba la cocina.
Él era un político progresista muy conocido y muy querido. Vivíamos en una zona muy tradicional.
Nos criaron con una educación humana muy profunda.
Mi padre, que nos hacía leer a Max Weber, no hubiese entendido jamás que yo quisiera ser cocinero.
 
No era trabajo para un niño bien.
Yo vivía en San Isidro, la zona más señorita de Lima. Me mandaron al colegio más exclusivo de toda la ciudad y era aburridísimo. Todo estaba hecho, pero por suerte tenía pegado al mío otro barrio que no tenía nada que ver con aquel, Lince, y yo me iba al otro lado. Allí estaban la diversión, la alegría, las ideas, la vida. Nada que ver, afortunadamente.
¿Convivir con niños que tenían mucho menos que usted le marcó?
Completamente. Mis amigos del colegio eran unos, y los amigos por la tarde, los de verdad, eran otros, hijos de gente trabajadora. Yo los llevaba a mi casa, mi abuela se molestaba, y mi padre se enfadaba con ella. La vida de mis hermanas, que iban a otro colegio, era distinta. He sido una persona muy afortunada. Hubiese podido ser un niño tonto y no lo fui.
 
¿Qué papel tuvieron sus padres?
Todo. Yo heredé todo de ellos. Por lo general, cuando un político termina su carrera profesional va por la calle y lo abuchean. Yo iba por la calle de niño y veía cómo a mi padre solamente lo felicitaban. La seguridad que te da eso en la vida y la huella que te deja es increíble.
 
Usted se estaba formando en Madrid para ser abogado y cambió de rumbo. ¿Qué pasó?
Yo tenía 18 años y no sabía cómo hacer para dejar la carrera de Derecho, que ya no me interesaba. Me daba vergüenza, miedo… vi un reportaje sobre Juan Mari Arzak en la portada de una revista y un sábado me fui solo a San Sebastián a cenar a su restaurante. Estaba muy intimidado porque sentía que los camareros me miraban como pensando “vamos a tener un problema con este niño, que no va a pagar la cuenta”. Recuerdo que comí pastel de cabracho y pato azulón. Estaba muerto de miedo. Ese mismo lunes dejé la facultad. Pero no me atrevía a decírselo a mis padres. Y durante dos años iba a visitarles y tenía que esconder los libros de cocina, sacar los de Derecho y disimular.
 
Vargas Llosa, amigo de su padre, escribió en una ocasión sobre el momento en que este conoció su verdadera vocación: “Él reconoce que su sorpresa fue monumental, y yo estoy seguro de que perdió el habla y hasta se le descolgó la mandíbula de la impresión”.
Fue prácticamente así cuando se lo dije. Era el año 1989. Supuestamente yo había terminado la carrera de Derecho, cuando lo que había terminado en realidad era la carrera de Hostelería en Madrid. Y eso fue un show, qué momento… Empezó a digerirlo el día en que, unos tres meses después de haber abierto mi primer restaurante, Astrid y Gastón, estaba en la cola del banco y una señora se acerca y le dice: “¿Oiga, usted es…?”. Él ya iba a decir: “Sí, yo soy”, cuando la mujer acabó la frase: “¿Es el papá del cocinero?”...
 
¿Qué piensa ahora de su hijo?
Ahora está orgulloso. De alguna manera, su sueño se hizo realidad, pero con un hijo cocinero. En la presentación de la feria Mistura, estaba el presidente del gobierno a mi lado.
Mi padre ya entendió que no hace falta ser político para hacer política. Yo tampoco lo sabía, lo descubrí por el camino. Se puede hacer política, en el sentido de cambiar lo que está mal, desde la cocina.
De haber acabado la carrera de Derecho, probablemente hubiese seguido un camino similar.
Sería un líder con una motivación social. Hubiese sido un abogado que no cobra y defiende causas justas, sin duda.
Lo único malo es que la gente confunde el poder que uno tiene en la cocina para hacer cosas buenas de tipo social con la capacidad que uno pueda tener para ostentar un cargo político.
Mucha gente dice que lo que estoy haciendo es una carrera política para llegar a presidente, y no es verdad.
 
Pero se ha escrito hasta la saciedad que si se presentara a las elecciones, ganaría.
Como no va a pasar, no hay problema. El presidente anterior tiene pesadillas con la idea de que yo pueda ser candidato. Alan García es Maquiavelo y sabe que conmigo pierde. Cuatro veces dijo públicamente en discursos que la cocina perdería a una gran figura, que por favor no me dedique a la política. Y una vez me señaló delante de mi esposa y dijo: “¡Él se está preparando, se está preparando!”. Yo le respondí: “Ya vas a ver”, y él gritó: “¡Tuuuú ya vas a ver!” Son gajes del oficio. Yo procuro salir de las cosas que emprendo, para que la gente no sienta que uno es dueño de ellas. Se han de generar nuevos liderazgos. Las tareas que vienen ahora son inmensas, hay que concretar de manera real la relación entre restaurantes y proveedores, es complicado.
 
¿Tiene usted clarísimo que nunca se dejará tentar por la política?
Lo tengo claro… primero, porque puedo hacer más cosas desde la cocina que desde un cargo político, generando ideas, conceptos que ayuden. Segundo por un tema más egoísta. Querer ser político es casi una inmolación, y en el terreno donde estoy, recibo muestras de cariño, me siento querido. Para ser político o tienes una ambición desmedida o una vocación suicida.
¿Hasta qué punto opina que la cocina puede ser un arma social tan potente?
Del todo, y estamos sólo al principio. Esto que sucede con la cocina ha de inspirar a todas las actividades económicas. Quien más suerte tiene, más obligado está a devolver. Hay que trabajar con un objetivo común sin anteponer los intereses propios. Y eso aún no ha sucedido.
 
¿Ese espíritu lo ha contagiado a sus colegas de la alta cocina? Hay quien cree que la cocina es un mundo frívolo.
Ya, no. Por eso buscamos entre todos cuál es el nuevo rol del cocinero. Un rol que en Perú está claro y que hubiera sido difícil asumir en sociedades más igualitarias. Aquí se dan las circunstancias para que la cocina pueda ser útil.
La fuerza motora son las causas justas.
 
¿Cómo se compaginan el negocio y la labor social?
El negocio no es incompatible con lo social. No es acumulación de riqueza sino generación de riqueza. Y es bueno crear riqueza. Pero nuestros restaurantes aún son excluyentes. En Europa la mayoría de la gente puede permitirse salir a cenar fuera por lo menos una vez al año. Aquí, no. Ahora preparamos un proyecto que quiere combatir esa exclusión. Será un lugar donde se podrá acceder a diferentes tipos de oferta, de distintos precios, y donde habrá un espacio cultural en el que se impartirán clases gratuitas de cocina. Un espacio que todos los limeños podrán disfrutar de una forma u otra.
¿Aspira a liderar la cocina de vanguardia en el mundo?
Estamos creando las condiciones para que aparezca una persona como Ferran Adrià que tenga la libertad de poder dedicarse únicamente a crear. Por eso nos preocupamos de proyectos como Pachacútec, donde formamos a jóvenes, la mayoría sin recursos, y de donde pueden salir esos chicos emprendedores. La siguiente etapa pasa por la búsqueda de la complejidad en todos los frentes. Hay que ir más allá, buscar la excelencia en todas las partes de la cadena. En la complejidad está el valor que puedas aportar y el liderazgo.
 
¿Debe haber liderazgos en la cocina?
Son esenciales porque resultan inspiradores. Pero los liderazgos siempre son de personas, no de países; los movimientos son de países. Y aquí hay un movimiento: tenemos un ejército que quiere conquistar el mundo, pero sin balas, con una cocina que dispara al corazón ají, cebiche…
 
¿Pachacútec es el proyecto profesional del que se siente más satisfecho?
Sin duda. Porque resume todo lo que hablamos. Podemos dar formación a personas que no tenían ninguna oportunidad en la vida. Y no hay nada más bonito en el mundo que hacer felices a otros. El fruto son ejemplos como el de Victoriano, un chico que tiene la ambición de introducir la cocina peruana en Nueva York y llegar a dar trabajo a otros chicos de este país. Con doce años dejó a su familia, de un pueblito de los Andes, dos de sus hermanos murieron de hambre, y él tuvo la suerte de encontrar una oportunidad. La cuestión es cuánto talento se pierde hoy en Perú por falta de oportunidades.
 
Usted ha contribuido como nadie a difundir la cocina peruana en el mundo. Tiene restaurante en Madrid. ¿Abrir en Barcelona es uno de sus próximos objetivos?
Estamos en eso. Sí, lo haré, pero veremos qué tipo de restaurante abrimos. Seguramente no será un restaurante gastronómico, como el de Madrid.
Además de su restaurante de alta cocina, Astrid y Gastón, tiene cebicherías, marisquerías y un montón de modelos de establecimiento.¿Seguirá creando nuevas fórmulas?
Tengo tres en camino en Perú:
Gringacho (así llamamos a los gringos que se peruanizaron), en el que buscamos la reconciliación de la sociedad con la hamburguesa, hechas con vacas que tienen nombre y apellidos y que mueren de viejas, con las papas que vienen de una comunidad concreta y con ketchup elaborado con un jugo del Amazonas.
Otro es el Bachiche, nombre que viene de una comunidad importante de italianos que llegó al Perú, y donde habrá cocina italiano-peruana.
Y un tercero, muy hermoso, mezcla de todas las cocinas regionales del Perú a precios muy económicos en zonas poco privilegiadas.
Me han criticado muchas veces que todos mis restaurantes estén en buenos barrios. Aunque en el fondo no sea esa la intención, acaba habiendo cierta contradicción entre lo que dices y lo que haces. Este es el más bonito que hemos hecho, el más divertido. Está en una zona emergente que empieza a desarrollarse.
 
Tiene entre manos otro proyecto de universidad en pleno desierto.
Eso es un sueño: miras el mundo y ves que el turismo ha cambiado y las escuelas de turismo no, que la gente viaja distinto y quiere relacionarse distinto. Y, mientras, en todas partes, los estudiantes de hostelería siguen igual. Queremos enseñar nuevas formas de relacionarse con el entorno. Hacer un hotel en el que se tengan en cuenta las comunidades que habitan la zona, al contrario de los que se han construido siempre ajenos a lo que ocurría en el lugar donde estaban, donde la gente vive en una burbuja. Es un proyecto para que venga gente de todo el mundo y que dará formación a quienes tienen talento y jamás podrían pagarse esos estudios. El Gobierno nos ha cedido los terrenos en un desierto que esperamos que algún día acoja una gran universidad de referencia a escala mundial.
 
¿Hubiera sido posible crear un imperio gastronómico sin la complicidad de su esposa, Astrid Gutsche?
Hubiera sido totalmente imposible. Además, yo la metí en semejante lío, le compliqué la vida, sin jamás pedirle permiso.
¿Qué es lo más urgente que habría que cambiar en la cocina?
La actitud del cocinero. Cuántos de ellos se sienten molestos porque quisieran tener más clientes y más reconocimiento. Son millones, y muy pocos quienes logran eso. La mayoría cree que el mundo acaba cuando entran clientes o cuando salen en las entrevistas. Por qué en vez de quedarte a esperar a los clientes no sales tú a abrazar a la sociedad. Y llegarán los clientes porque te quieren y te respetan. A mí me ha sucedido. Los chefs de Perú ya lo saben. Los jóvenes te hablan de que quieren dar a a conocer Perú, nuestra cultura y nuestra cocina…
 
En su programa de televisión usted promociona otros restaurantes de su país. Dicen que le llaman San Gastón porque les lleva clientela y que suelen colgar su foto a la entrada con el chef de la casa. ¿Se siente un poco salvador?
Si esos restaurantes no fuesen de verdad buenos, la gente los probaría un día, pero no volvería. Lo que pasa es que hay buenos cocineros que no tienen el modo de darse a conocer. Únicamente cumplo con mi deber. Pero no siento para nada que me haga mejor persona lo que estoy haciendo ni que sea peor persona quien no hace lo mismo que yo.