lunes, 2 de febrero de 2009

El mundo se funde en amor y poesía

Cuando se está enamorado y se es correspondido no hay otra forma que vivir en poesía, la escritora nos expresa una multitud de vivencias donde el ser humano y todo lo demás es un poema: “Me gusta salir al amanecer porque es como el primer día de la creación, la extensión de agua y la extensión de cielo se van separando. Las garzas azules se lavan las patas. El mar está tibio como las sábanas que acabo de dejar, tibio como tus brazos, tibio y salvaje mar del Refugio Gandoca lleno de esponjas rojas y corales de fuego.
Vos me trajiste aquí. Me raptaste, Carlos Manuel, para darme una lección completa sobre el amor y sobre la función espiritual de la luz. Yo amaba desde la infancia la lluvia y la selva. Vos me enseñaste que llueve y hay selva en el fondo del mar.”
Aquí tenemos otra de sus vivencias poéticas. ”Es un verano dulce como la amapola… Somos inmensamente felices, Carlos Manuel, y la felicidad excesiva punza. Te amo con un amor hirviente, desmesurado.”
Y otra más: “Recuerdo ese verano como el punto más alto y perfecto de todos nuestros años de vida en común. Habían florecido los sangríos y el suelo estaba lleno de flores amarillas. También habían florecido las ipomeas y una alfombra apretada y multicolor cubría la arena. Las orquídeas se abrían en los cocoteros y detrás de la playa, antes del yolillal, la blanca multitud de los lirios salvajes perfumaba el silencio marino. Unos negros pasaron con sus mulas dejando huellas redondas en las que los niños metieron los pies. Luego topamos con una comitiva de indios de los que no hablan en castellano. Pensé que durante siglos, indios y negros habían mantenido intacto ese litoral.”
No quisiera excederme en la presentación de las citas textuales pero el entusiasmo y la frescura de la prosa de esta artista es envolvente, seductor y adictivo: “Sentí tu boca y el aroma embriagante de una flor del ilang ilang que traías en la mano. Dijiste, “para vos”. Dijiste, “te quiero”.
-No, Carlos Manuel, que allí están los niños.
-Entonces en el mar.
En el mar de cristales cambiantes como un caleidoscopio que siempre recomienza.
Acostarse en el mar. Los verdes lechos tibios de
thalassia.
Ser penetrada hasta el fondo por el mar Caribe cuando el amor alcanza los confines del trópico en un hechizo verde de estuarios aquietados y palmeras que crecen al revés.
Sentada en tus piernas, mecida en tus brazos por el oleaje residual de la pasión me atreví a preguntarte:
-¿Cuánto va a durar esto, Carlos?
-¿Te referís a cuánto va a durar nuestro amor?
-Sí, nuestro amor, la felicidad, esta playa perfecta, el olor de las flores salvajes.
-Va a durar para siempre, ñatica. Cuando estemos viejitos vendremos aquí a calentar nuestros huesos. Te prometo y te juro que estaré a tu lado hasta que me muera.
Hundirse en los verdes repastos marinos, en lechos de esponjas, en tu voz ronca y grave que se queda vibrando. Pero el estruendo de una ola sobre el arrecife la apaga.”

1 comentario:

Sandra dijo...

Hola! muchas cosas interesantes tiene tu espacio, me he dado una vuelta por algunos de tus post. Me gusta la forma en que escribes cada entrada.

Gracias por la historia que has dejado en mi blog, me encantó en verdad mucho!

Besos!