domingo, 28 de diciembre de 2008

Comentario segundo

Tarde Cálida

Tarde Cálida

“¡Gran astro! ¿Qué sería de tu felicidad si faltasen aquellos a quienes iluminas?”
Así hablaba Zarathustra

Del silencio a la inocencia. El silencio es el paisaje donde sale el sol de la inocencia, es allí donde despiertan en su pureza nuestros sentidos, donde vuelven a ser niños y donde pueden desbocarse de nuevo al juego. En los dos cuadros anteriores hay una sintonía de vibraciones, allí somos los pies de la tierra y del universo y nuestros pies son la tierra y el universo. La luz y la sombra se sienten como una corriente, como se siente la corriente del aire o cuando metemos los pies en una corriente de agua fresca. La vitalidad de estas dos obras crepita desde la arena dorada y desde el algodón ondeante de los vestidos. La base de este juego composicional no es la luz del sol, es la sensibilidad “¡Gran astro! ¿Qué sería de tu felicidad si faltasen aquellos a quienes iluminas?”.

En esta fiesta los ojos no son los invitados principales, el ser no gira en torno a su función, ellos más bien están en función del sentimiento, un sentimiento desprevenido que se desborda de acuerdo con el acontecer de la tarde y que orbita junto con la tierra alrededor del sol y con el juego del viento. Cuando se arroja una piedra hacia las aguas tranquilas y serenas de una laguna se ve el desplazamiento de las ondas hasta las orillas, con estas pinturas Adrián Gómez provoca un desplazamiento de ondas desde el centro de la sensibilidad, desde allí estructura una arquitectura de vida que se basa en las columnas de los pies femeninos.


En la mitología universal la mujer es la encarnación de la tierra, son el símbolo y el factor de la gestación, nacimiento y crecimiento. En la cosmovisión de este artista la mujer nace del canto de la tierra, del sol y del viento, pero este nacimiento no está en el principio de los tiempos de la humanidad, está en todos los días de la mujer caribe que se solaza en cada una de las tardes junto al mar y con el golpe cálido de los vientos.
La mujer en esta pintura es el ser extraordinario que se amasa y dora desde los celestes y azules de prusia en contraste con los ocres y tierras tostadas siempre pendientes del ritmo de los blancos de titanio o de zinc. El artista pinta un poema de la madre tierra, con entusiasmo versifica a la madre caribe, y mediante su obra nos entrega los mejores tributos para elogiar sus momentos de inocencia y felicidad.
LA TIERRA Y LA MUJER
A Amira de la Rosa
Mientras tiene luz el mundo
y despierto está mi niño,
por encima de su cara,
todo es un hacerse guiños.
Guiños le hace la alameda
con sus dedos amarillos,
y tras de ella vienen nubes
en piruetas de cabritos...
Yo le digo a la otra Madre,
a la llena de caminos:
"¡Haz que duerma tu pequeño
para que se duerma el mío!".
Y la muy consentidora,
la rayada de caminos,
me contesta: «¡Duerme al tuyo
para que se duerma el mío!».
Gabriela Mistral

Tarde Luminosa

Convivio con el viento

Noche Luminosa

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